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Mayor de 15 años

Jesucristo, Señor de lo que soy y tengo (I)

Jesucristo es Señor de todo lo que somos y tenemos. Sin alargarme demasiado ni ser muy exhaustivo, quisiera poner de manifiesto algo de lo mucho que el Señor nos ha dado. Todo eso le pertenece. De todo ello es el Señor. ¡NADA NOS PERTENECE, NO LO OLVIDEMOS! En el lenguaje humano podemos hablar con propiedad diciendo que esto o aquello es mío, o nuestro, pero en términos absolutos TODO ES SUYO.

Jesucristo, Señor de los hombres

En las semanas precedentes nos hemos adentrado en la persona de Jesucristo, viendo como él es Señor de la creación y cómo tiene toda la autoridad sobre el pecado y sus consecuencias: la muerte, el Diablo, la enfermedad y la ley. En éste y en los próximos temas, veremos cómo Jesucristo es el Señor de todos los hombres en general y de todas las áreas de nuestra vida en particular.

Jesucristo nos rescató de la maldición de la Ley

El hombre quedó, tras su desobediencia a Dios, a merced del pecado. Las consecuencias de su desobediencia fueron terribles. El hombre perdió el rumbo. Quedó muy herido en toda su persona: su inteligencia, su voluntad, sus emociones y sentimientos, todo su ser fue seriamente dañado. Su sentido de la verdad, de lo justo, perfecto y santo quedó muy afectado. Ante semejante panorama, y caminando el hombre a la deriva, Dios da la ley a su pueblo, con el fin de mostrarle por dónde tiene que andar y conducirle por caminos de vida.

Jesucristo, vencedor sobre la enfermedad

En este tema vamos a referirnos más a la enfermedad psíquica o física, pues la enfermedad espiritual, que en la Biblia se identifica con el pecado, y que es la enfermedad más grave de todas, ya quedó tratada en temas anteriores. El pecado que abrió la puerta a todos los males, dio entrada también a la enfermedad física y psíquica. El hombre pasó de la salud perfecta a un estado de vulnerabilidad ante la enfermedad, y a tener experiencia de algo que antes desconocía.

Jesucristo, triunfador sobre la muerte

¡Cristo venció a la muerte! ¡Aleluya!
 
El mismo Jesucristo, el Hijo de Dios, pasó por la experiencia de la muerte, si bien de un modo diferente al resto de los hombres. Su muerte fue única y diferente de las demás sobre todo por las siguientes razones:

Jesucristo, triunfador sobre el pecado

Sabemos que Adán y Eva pecaron. Fue un pecado de desobediencia, de rebeldía, de autosuficiencia, de independencia, de querer ser como Dios. Desde entonces el pecado hizo mella en toda la humanidad. El ser humano perdió lo más valioso que tenía: la comunión con su Creador.

Jesucristo, vencedor de todo mal

Ni el pecado, ni la muerte, ni la ley, ni la enfermedad, ni Satanás junto con todas sus huestes tienen cualquier grado de dominio sobre Jesucristo. Por el contrario, Jesucristo demostró durante su vida en la tierra su autoridad sobre todos ellos.

Jesucristo, Señor de toda la creación

Jesucristo es Señor de todo lo creado sin excepción. Nada escapa a su señorío, nada queda fuera de su control y autoridad. Su señorío no tiene límites, ni en el tiempo ni en el espacio. Es Señor de la tierra con todos sus continentes y todo lo que hay en ellos, el suelo, el aire, el subsuelo…, pero también el Señor de todas las galaxias y estrellas, planetas, satélites, etc., todo lo que es conocido para el hombre y todo lo que todavía no hemos descubierto.

Jesucristo es el Señor (II)

 En el tema anterior iniciamos la aproximación al término “Señor”. Vimos también cómo la Palabra de Dios nos revela con total claridad y sin lugar a dudas que Jesucristo es el Señor, algo que para nosotros los cristianos es evidente y claramente deducible de las Escrituras, pero que no es reconocido por el resto de religiones.

Jesucristo es el Señor

En la legua castellana el término “señor” puede referirse tanto a una fórmula de tratamiento e incluso de cortesía y respeto a las demás personas, y así se habla, por ejemplo, del “señor García” o “señor Pérez”, como puede referirse al propio Dios, y especialmente a Jesucristo.

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