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7. Jesús de Nazaret, el Redentor de los hombres

"En él tenemos por medio de su sangre la redención" (Ef 1,7)

Jesús, el Cristo. Dice la Carta a los Hebreos que Dios se propuso un plan para realizarlo "en la plenitud de los tiempos" (Hb 1,10), y este plan consiste en: "hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra" (Hb 1,10).

Ése es el hombre! La policía cuando busca a alguien sin conocer su identidad realiza un retrato-robot del mismo, con los datos que posee. Lo mismo podemos hacer nosotros en relación a nuestro Redentor:

  • Debía ser igual a Dios. No en vano fue profetizado: "tu redentor es el Santo de Israel" (Is 41,14). Nadie inferior a Dios podía pagar una deuda infinita, como es la deuda del pecado contra Dios. El pecado era infinitamente grave por la dignidad de quien fue ofendido y sólo alguien de la misma dignidad podía saldar la deuda y expiar la ofensa.
  • El ángel le dijo a María, la madre del Redentor: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios" (Lc 1,35).
  • Sobre Jesucristo se dice, cuando salió del Jordán al ser bautizado: "se oyó una voz que venía de los cielos: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco" (Mc 1,11).
  • Y Juan establece: "Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios" (1 Jn 4,15). Y también: "Si aceptamos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios, pues éste es el testimonio de Dios, que ha testimoniado acerca de su Hijo. Quien cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo. Quien no cree a Dios le hace mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo" (1 Jn 5,9-10).
  • Debía ser hombre. Si no, no podría representar a los hombres adecuadamente. Pero además la reparación exigía que si un hombre se rebeló también un hombre anulase la rebeldía con su obediencia. De Jesucristo se dice: "Por eso, al entrar en este mundo, dice: Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo. […] Entonces dije: ¡He aquí que vengo -pues de mí está escrito en el rollo del libro - a hacer, oh Dios, tu voluntad!" (Hb 10,5.7). Aun siendo eterno e igual a Dios, uno con el Padre y el Espíritu, por obediencia se hizo hombre, y pasó por uno de tantos: "se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre" (Flp 2,7).
  • Debía ser justo, santo, sin relación con el pecado: "no cometió pecado, y en cuya boca no se halló engaño; el que, al ser insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba, sino que se ponía en manos de Aquel que juzga con justicia" (1 P 2,22-23).
  • Pero también debía comprender y representar a los pecadores: "Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: Maldito todo el que está colgado de un madero" (Ga 3,13).
  • Debía ser libre. De lo contrario no podría rescatar a los cautivos: "doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; ésa es la orden que he recibido de mi Padre" (Jn 10,17-18).
  • Debía cumplir toda justicia en su vida y ofrecer el pago por el rescate de los hombres, pagando con su propia vida: "como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo procura toda la justificación que da la vida" (Rm 5,18).
  • Dios debía aceptar su sacrificio, que además debía ser suficiente: "habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre" (Hb 10,12).

Sólo en Cristo Jesús se cumple a la perfección cada una de las cualidades requeridas para realizar le redención. Jesucristo no es un hombre más. La Biblia nos enseña que él es el Hijo de Dios, uno con el Padre, y por tanto eterno, pero que se hizo hombre, y asumió de parte del Padre la misión de redimir a la humanidad, así como de restaurar el orden del reino de Dios en la tierra.

Redención. Redimir significa pagar el precio por el rescate. Las deudas de la humanidad por el pecado eran impagables y como consecuencia además habíamos caído en esclavitud del pecado y del diablo, en la servidumbre del pecado y de su tirano inductor, sin escapatoria.

Dios estableció en Israel, el pueblo nuevo imagen del pueblo redimido, el año de gracia, una oportunidad única cuando todas las deudas eran perdonadas, para aquellos que se acogiesen a este decreto de Dios. ¿Cuándo llegaría la remisión de nuestras mayores deudas, las del pecado, y nuestra liberación de su esclavitud?

Jesucristo al iniciar su vida pública leyó en la sinagoga de Nazaret lo que fue profetizado por Isaías: "El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor" (Lc 4,18-19). A continuación dijo algo que inauguró un tiempo nuevo en la historia, el tiempo de la redención: "Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy" (v.21).

Esta gran redención abarca una serie de gloriosas realidades:

  • Perdonados nuestros pecados: En el momento cumbre de entregar su vida, Cristo explicó porqué lo hacía y qué sentido tenía el derramamiento de su sangre: "porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados" (Mt 26,28). Y Pablo señala: "En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia" (Ef 1,7).
  • Perdonada nuestra culpa y libres de condenación: "ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús" (Rm 8,1).
  • Reconciliados con Dios. Uno de los actos de la redención es la reconciliación con Dios. Fue profetizado: "al pueblo que allí mora le será perdonada su culpa" (Is 33,24). Cuando por Cristo fueron perdonados nuestros pecados, ocurrió la reconciliación: "en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres" (2 Co 5,19). Podemos realmente conocer a Dios y caminar en amistad con Dios.
  • Libres del pecado: "Porque la ley del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte" (Rm 8,2). Quien recibe la redención de Cristo no es deudor ya del pecado, sino libre verdaderamente.
  • Libres de la opresión del diablo: Dice Pedro que en Cristo fuimos trasladados de un reino a otro: "os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz" (1 P 2,9).
  • Libres de la maldición: "Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros" (Ga 3,13). En Cristo toda maldición es anulada y pierde su derecho legal a recaer sobre los redimidos: "Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres" (Jn 8,36).
  • Justificados. Esto quiere decir que somos constituidos justos o hechos justos, en virtud de la justicia de Cristo. No sólo somos rescatados de la condenación y libres de culpa, sino que la obra de Cristo nos ofrece además un saldo positivo de justicia que no es nuestro: "todos pecaron y están privados de la gloria de Dios y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús" (Rm 3,23-24). La Palabra explica claramente que toda justificación procede de los méritos de Cristo: "como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos" (Rm 5,19).
  • Libres de la muerte eterna: éste era el destino final de los presos del pecado. Pero por la redención realizada por Cristo somos libres de la muerte y destinados a la vida eterna: "Pues el salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rm 6,23).

Camino abierto. Lo que se vislumbraba como una luz en la lejanía, como un anhelo o una esperanza, es realidad en Cristo: "Vendrá a Sión para rescatar, a aquellos de Jacob que se conviertan de su rebeldía" (Is 59,20).

Si Dios hubiese redimido y puesto otra vez a Adán como cabeza, éste podría haber fallado de nuevo. Pero siendo Cristo ahora la cabeza de todo, tenemos seguridad de que el reino de Dios no se verá nuevamente en desorden una vez que el diablo sea definitivamente aniquilado. Mientras tanto, a cada hombre se le da la oportunidad de escoger: o ser redimido por Cristo o ser esclavo del diablo, o someterse a Cristo y ser ciudadano del reino de Dios o seguir bajo la autoridad de Satanás y continuar en el reino de las tinieblas, o bien estar bajo condenación y destinado a la muerte eterna o bien recibir gratuitamente a través de la redención realizada por Jesucristo la vida eterna.

Preguntas para el diálogo:

  • Comenta el significado de la palabra "redención".
  • Comenta alguna de las características del Redentor, que te haya llamado la atención.
  • Comenta alguno de los aspectos de la redención, que te haya llamado la atención.

 

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