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Deja que Dios te encuentre

Comentarios sobre textos de la Palabra de Dios, que tratan de descubrir sobre todo el espíritu de las situaciones narradas, invitan a la renovación de la vida personal y motivan la breve oración con que terminan.

Ed CCS, 168 p.
Autor: Maximiliano Calvo.
Primera Edición 1995, Séptima Edición 2003

 

 

 

 

 

 


Deja que Dios te encuentre
 
Capítulo 17:
La palabra de Dios no está encadenada
 
«La Palabra de Dios no está encadenada»
(2 Tim 2,9).
 
 
          ¡Y no será por falta de ganas! Los enemigos del Reino están empeñados en dar muerte a la Palabra de Dios, en eliminarla para siempre de la tierra, no importa el medio que tengan que usar. Pero saben que no pueden. Por eso intentan la solución 'B', consistente en encadenarla, reducirla a la inactividad y esconderla en la sombra. Y también se empeñan, como última solu­ción, en deformarla, que no es poco.
 
          ¿Para qué? Hay que mencionar, por lo menos, dos razones: para que deje de molestarles y para que deje de llevar luz y vida a su reino de tinieblas y de muerte, no sea que sus esclavos se sientan atraídos por la luz y la vida de la Palabra y quieran cambiar de residencia.
 
          Con la Palabra de Dios pasa como con la luz del sol: si cierras la ventana, la luz no entrará; pero no por eso queda eliminada. Y así como no hay forma humana de eliminar la luz del sol, tampoco podrán evitar los enemigos de Dios que su Palabra deje de ser luz.
 
          Y aunque encadenar la Palabra de Dios es tan difícil como eliminar la luz del sol, es decir, imposible, los enemigos de la Palabra, al no poder eliminarla, tratan a toda costa de cerrar las ventanas —los oídos de las personas— para que no entre luz, que es la luz de Dios; tratan en definitiva de impedir que la Palabra llegue al corazón de los hombres. Este es el trabajo de los hijos del diablo, enemigos de la luz, lo mismo que su tenebroso padre.
 
          Se hace trabajo de encarcelamiento de la Palabra cuando, debiendo proclamarla, no se proclama. Pero también cuando se tergiversa; y cuando sólo se interpreta con sabiduría humana, que no entiende de las cosas del Espíritu; y cuando se comparte desde el estu­dio, pero no desde la vida.
 
          También se puede intentar encadenar la Palabra cuando los presentadores de la misma, los supuestos discípulos y enviados del Maestro para proclamarla, damos gato por liebre, es decir:
 
+  cuando ofrecemos palabra de hombre haciéndola pasar por palabra de Dios;
+  y cuando se adorna con adornos humanos mientras se oculta su verdadera belleza;
+  y cuando se mutila mostrando la que interesa y escondiendo la que no agrada al oído;
+  cuando se embadurna con la falsedad de la propia vida;
+  y cuando se intenta convertirla en pieza de museo, en recuerdo y en imagen, en vez de dejarla activa y operante.
 
          Todo esto es muy grave, porque entonces nos conver­timos —¡los discípulos!— en carceleros de la Palabra; es decir, nos convertimos en cierto modo, en carcele­ros de Dios. Pero la Palabra de Dios no está encade­nada y ella misma nos juzgará, a maestros y mensaje­ros, de nuestros intentos por encarcelarla.
 
          La Palabra de Dios ha sido pronunciada para que corra de boca en boca, para que sea proclamada a los cuatro vientos en todo tiempo y lugar, para que lleve vida y luz a los hombres. Pero nunca para ser encarce­lada por nadie. Y sin olvidar que, si bien su distribu­ción no es exclusiva de ningún medio audiovisual, la transmisión de boca en boca es insustituible y sus efec­tos incomparables cuando se presenta en debidas con­diciones.
 
          ¡Que vuele la Palabra y venga, que la Palabra toque y quebrante las profundidades del hombre! ¡Que la Palabra-respuesta enviada al hombre-pregunta no sea silenciada! ¡Fuera cadenas, fuera cerrojos, abramos las ventanas y dejemos entrar a Dios-Palabra!
 
Líbranos, Señor, del intento de querer encadenar tu Pa­labra con cualquier clase de cadena visible o invisible, fuerte o débil, propia o ajena. Y recuérdanos, siempre que haga falta, que tu Palabra no está encadenada, para que no cedamos a la tentación de querer silenciarla.
 
 
ÍNDICE
  
CALLA
 
1.      Yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales
2.      Bienaventurados los limpios de corazón
3.      Esquivó David a Saúl
4.      Todavía sois carnales
5.      Toda Jerusalén está revuelta
6.      Para iluminar a los que habitan en tinieblas
7.      Él nos libró del poder de las tinieblas
8.      Para ser libres nos libertó Cristo
9.      No saben nada los que llevan sus ídolos de madera
10.    Habéis muerto y vuestra vida está escondida con Cristo
11.    En aquellos días y en aquella sazón
 
ESCUCHA
 
12.    Dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones
13.    La fe viene... por la Palabra de Dios
14.    ¿En quién voy a fijarme?
15.    Yo les he dado a conocer tu Nombre
16.    Habéis sido bien comprados
17.    La Palabra de Dios no está encadenada
18.    Guardaos de los falsos profetas
19.    Con Cristo estoy crucificado
20.    Mi justo vivirá por la fe
21.    La prueba de que sois hijos
22.    Doblo mis rodillas ante el Padre
23.    ¡Alerta, pero ten calma! No tema ni desmaye tu corazón
24.    Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones
 
OBEDECE
 
25.    Y toda lengua confiese que Jesús es Señor
26.    La comunidad de los creyentes
27.    Poder sobre los espíritus inmundos
28.    Dije: «heme aquí: envíame»
29.    Vivid, pues, según Cristo Jesús
30.    Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo
31.    Que lleguéis al pleno conocimiento de su voluntad
32.    Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban
33.    Cayó Judit, rostro en tierra
34.    No somos nosotros como la mayoría que negocian con la Palabra
35.    Convocando a los Doce les dio poder y autoridad
36.    Designó el Señor a otros setenta y dos
37.    Está escrito que el Cristo padeciera
38.    Buscad entre vosotros a siete hombres
39.    El Espíritu entró en mí... y oí a alguien que me hablaba
40.    Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo