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Objetivos

Aprender del viñador que trató con paciencia a la higuera. Descubrir cuántas personas tienen paciencia contigo.
Aprender a tratar con paciencia a nuestros padres, hermanos, profesores, amigos.
Aprender a esperar con paciencia las respuestas de Dios.
 

Reflexión

¿Te gusta pescar?, ¿has pescado algo alguna vez? […]. Yo nunca he ido a pescar, pero pienso que debe ser muy excitante cuando después de muchas horas de espera, un pez tira del hilo de tu caña. Entonces, rápidamente enrollas el hilo y ves salir del agua un pez. No importa si el pez es grande o pequeño, lo importante es que has pescado. ¿Qué hay que tener para poder pescar? […] Lo primero que necesitas es el equipo apropiado: una caña con su hilo de pescar y un anzuelo. Lo siguiente es buscar un lugar donde haya peces y por último necesitas aprender a tener paciencia. Uno no consigue un pez tan pronto como echa el anzuelo al agua. Y algunas veces los peces no pican. Si no esperas el tiempo suficiente te irás sin conseguir un pez. En nuestra vida cotidiana, hay muchas situaciones que requieren paciencia. Paciencia cuando las cosas no nos salen a la primera, paciencia cuando alguien no nos entiende, paciencia cuando alguien no piensa como nosotros,…

Os voy a contar una parábola que relató Jesús a sus discípulos: Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: `Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala; ¿Para qué ha de ocupar el terreno estérilmente?' Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas’” (Lc 13,6-9).

Jesús enseñaba poniendo ejemplos de la vida cotidiana para que todos le pudieran entender. ¿Quién es la higuera? […] La higuera somos nosotros. Cada uno de nosotros somos una higuera, una más alta y otra menos alta. ¿Quién es el dueño de la higuera? […] Dios. Dios es nuestro Creador, nuestro “dueño”. ¿Quién es el que cuida la higuera? […] muchas personas: los padres, los abuelos, los profesores, nosotros mismos y… Nos olvidamos de alguien que nos cuida, nos ayuda y nos guía: es el Espíritu Santo. El viñador, el cuidador de la higuera quiere que la higuera dé fruto, dé higos. El problema es que la higuera no da fruto. El viñador, al ver que no da fruto, podría cortarla porque está empleando sus fuerzas y su tiempo en cuidar una higuera que no da fruto. Pero el viñador insiste con la higuera y ruega al dueño que la deje un año más. El viñador tiene paciencia con la higuera, insiste en cuidar la higuera, no se da por vencido, va a cavar alrededor de la higuera y va a abonarla. Si nosotros somos la higuera, ¿qué fruto podemos dar nosotros? […]. Nuestro fruto es cumplir los mandamientos de Dios: es amar, obedecer a nuestros padres, hacer bien las tareas del cole, conocer la Palabra de Dios, dar buen ejemplo a los demás, perdonar,… La higuera no dio fruto, y tú ¿das fruto? […]. Mira a tu alrededor y descubrirás que Jesús y todos los que te quieren y te cuidan, tienen paciencia contigo, te ayudan, te corrigen, insisten, te perdonan… para ver si das fruto. ¡Hay que ponerse las pilas y dar fruto! Dios tiene paciencia, pero se puede acabar.

Dios tiene paciencia. Nuestros padres y profesores también tratan de tener paciencia con nosotros. Y nosotros ¿tenemos paciencia con nuestros padres cuando no nos entienden o nos mandan hacer algo?, ¿tenemos paciencia con nuestros hermanos que nos molestan o nos interrumpen?, ¿tenemos paciencia con los profesores que nos hacen estudiar y estudiar?, ¿tenemos paciencia con ese amigo que…? La paciencia es una forma de amar al prójimo. Y de la misma forma que quieres que los demás tengan paciencia contigo, así tú debes tener paciencia con los demás.

Y por último, ¿tenemos paciencia con Dios, cuando no nos responde a nuestras oraciones como nosotros querríamos? Tal vez pensamos que orar a Dios pidiendo algo, es como echar la caña de pescar al agua y pensar que al instante el pez va a picar. Dios tiene su tiempo y sus formas de responder a nuestras oraciones. La Palabra de Dios dice que esperemos esa respuesta con paciencia: “si esperamos lo que no vemos, aguardamos con paciencia” (Rm 8,25). También nos dice: “No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias” (Flp 4,6). Nos dice que no nos preocupemos por nada, sino que le pidamos dándole gracias de todo corazón. Dios hará lo que sea mejor para nosotros en el momento adecuado. Oremos y pidamos a Dios que nos ayude a ser pacientes mientras esperamos su contestación.

Señor Jesús ayúdanos a ser pacientes con nuestros padres y nuestros hermanos. Enséñanos a imitarte a ti que eres paciente con nosotros.
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