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Características de los siervos de Jesucristo

Los siervos de Jesucristo se miden según el baremo que el mismo Cristo nos enseñó. Él es el único que conoce en profundidad los corazones de los hombres y que es capaz, sin equivocarse, de calificar correctamente a sus siervos. La Palabra de Dios nos da enseñanza fiel y verdadera para aprender cómo debe ser y actuar un siervo de Cristo. ¿Queremos ser siervos de Cristo? Esforcémonos por vivir lo que dice la Palabra de Dios:

  • El verdadero siervo del Señor lo es exclusivamente de él. Se trata de un servicio exclusivo, pues “nadie puede servir a dos señores” (Mt 6,24). Dicho de otro modo: sólo puede tener un Señor, que es Jesucristo, y servirle a él. Esto no significa que le esté prohibido actuar en los asuntos temporales; al contrario, debe hacerlo, pero bajo las directrices y estilo del Señor; nunca bajo la autoridad de la carne, del mundo o del diablo.
  • El siervo de Cristo busca la voluntad de su Señor, al modo de nuestro Señor, nutriéndose del alimento que permanece para vida eterna: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra” (Jn 4,34).
  • Va renovando su mente conformándose con la Palabra de Dios, para poder llegar a decir como Pablo: “Nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Co 2,16).
  • Los siervos de Cristo no viven para sí mismos, sino para su Señor puesto que Cristo murió por nosotros “para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Co 5,15).
  • El siervo de Cristo pierde su vida vieja, para ganar la vida nueva en Cristo: “Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt 16,25).
  • El siervo de Cristo está llamado a servir y no a ser servido, como hizo Cristo, que siendo quien era “no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida como rescate por muchos” (Mt 20,28).
  • El siervo de Cristo muere a sí mismo, porque se entrega a sí mismo. Quien no es capaz de morir a sí mismo, no es capaz de entregarse de corazón al servicio de los hombres. Cristo sirvió hasta el extremo porque fue capaz de amar hasta el extremo.
  • El siervo de Cristo busca agradar por encima de todo a su Señor: “¿Busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O es que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo” (Gal 1,10). En ocasiones agradar a Dios agrada también a los hombres, pero en otras significará desagradar a algunos hombres.
  • El siervo de Cristo es movido por el amor a Dios y al prójimo. Sin amor, el servicio es una actividad en la carne, pero no en el espíritu, porque el Espíritu y el amor son inseparables. Hacer un servicio sólo por obligación ni da gloria a Dios ni edifica al prójimo.
  • El siervo de Cristo no puede ser orgulloso, por el contrario, debe ser humilde, a imitación del Señor. El Siervo de los siervos era “manso y humilde de corazón” (Mt 11,28).
  • El siervo de Cristo está siempre en segundo plano y cuida de que el Señor ocupe siempre el primero.
  • Los objetivos últimos de los siervos de Cristo son los del mismo Jesucristo: la gloria de Dios y la salvación de los hombres.

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