Skip to main content

Siervos de Jesucristo

El cristiano no es sólo administrador de los dones de Dios, también es siervo de Cristo. Un buen cristiano debe ser buen administrador y también buen siervo de Cristo. De hecho un mal administrador no puede ser un buen siervo del Señor. El concepto de siervo tiene unos matices propios y de gran interés en la teoría y en la práctica que debemos considerar, tanto para llegar a ser siervos de Cristo como para mantenernos en esa posición privilegiada de siervos suyos. Podríamos decir que vivir bajo el señorío de Cristo significa ser siervos de Cristo.

·         No hay honor más alto que ser siervo de Cristo. Ser siervo de Cristo es un verdadero privilegio que no es comparable con el trabajo o servicio que puede desempeñar un rey, presidente de gobierno o cualquier puesto de máxima autoridad en la tierra. El siervo de Cristo sirve nada más y nada menos que al Rey de reyes y Señor de señores. No hay servicio comparable a éste. Cualquier trabajo en la tierra, incluso el que desempeña un rey o presidente de gobierno, puede hacerse en Cristo, por Cristo y con Cristo, pero ser siervo de Cristo transciende lo natural, se sitúa en el plano sobrenatural y es por tanto superior. ¿La idea de servir a Cristo nos produce menor satisfacción y gozo que la de ser llamados por el rey o presidente de nuestra nación para trabajar para él?

·         Escogidos por el Señor. Pese a que alguno pueda pensar lo contrario, la iniciativa y la elección en el servicio a Cristo parten del mismo Señor: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca” (Jn 15,16).

·         Conciencia y corazón de siervos. Es llamativo que san Pablo se presente a los destinatarios de sus cartas, como es el caso de los Filipenses, como siervo de Cristo. Del mismo modo, en la epístola a los Romanos, Pablo empieza su carta diciendo: “Pablo, siervo de Cristo Jesús” (Rm 1,1). ¡Eso es tener conciencia de la llamada del Señor y de la dignidad de esta vocación!, así como señal de que Pablo estaba pendiente de la voluntad del Señor desde la posición de humildad. Está claro que no por presentarse como siervo de Cristo, Pablo adquiría condición de siervo; pero su vida demuestra que la presentación de Pablo como siervo de Cristo es conforme a la verdad.

En sentido opuesto, los discípulos de Jesús, al menos en aquel momento, no demostraron conciencia ni corazón de siervos cuando discutían cuál de ellos era el mayor: “Entre ellos hubo también un altercado sobre quién de ellos parecía ser el mayor. El les dijo: Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar Bienhechores; pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que gobierna como el que sirve. Porque, ¿quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22,24-27).

·         El siervo está bajo la autoridad de su Señor y le sirve según las directrices que él marca. Esto lo comprendió bien aquel centurión romano de que nos habla el evangelio, aunque todavía no se había encontrado con el Señor: “Señor no soy digno de que entres bajo mi techo, basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes y digo a éste: `Vete´, y va; y a otro, `Ven´, y viene; y a mi siervo: `Haz esto’, y lo hace” (Mt 8,9-10).

·         El siervo de Cristo sirve en un Cuerpo, no aisladamente. La Iglesia, comunidad cristiana, es el lugar donde el siervo lleva a cabo su labor. En la comunidad, el trabajo de cada uno se complementa y entrelaza, construyendo un verdadero edificio espiritual.

·         Jesucristo, el perfecto siervo. Si queremos aprender en qué consiste el servicio cristiano, y qué es servir, tenemos que recurrir a nuestro modelo en todo. La imitación de Cristo, Siervo de Yahveh, debe ser siempre nuestra aspiración. Nuestro Señor vivió como el Siervo de los siervos. El es llamado el Siervo de Yahveh. De él está escrito: He aquí mi Siervo, a quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones. No disputará ni gritará ni oirá nadie en las plazas su voz. La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio: en su nombre podrán las naciones su esperanza” (Mt 12,18-21).

Tu valoración Promedio (9 votos)