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Los títulos aplicables a la persona de Jesucristo son de una gran trascendencia porque no sólo nos hablan de los rasgos fundamentales y atributos de la persona a la que se refieren,

sino que se relacionan con la propia naturaleza y esencia de Jesucristo. Así sabemos por la revelación que Jesucristo es la Luz, la Verdad, el Hijo del hombre, el Maestro, el Mesías… y también el SEÑOR.

 
Por otro lado, profundizar en la persona de Jesucristo como SEÑOR, lo mismo que con cualquier otro título empleado por la palabra de Dios, no es sólo una cuestión teórica, sino que tiene importantísimas repercusiones prácticas en la vida diaria de todos los seres, y en particular por tocarnos más de cerca, en la vida de los hombres.
 
Vivir o no vivir bajo el señorío de Cristo es como ser o no ser; comporta consecuencias para el hombre cuyos efectos se proyectan en esta vida, pero además, lo que es más relevante, en la eternidad.
 
En los próximos temas intentaremos explicar qué nos dice la palabra de Dios cuándo nos habla de Jesucristo Señor, qué significa tener a Jesucristo como Señor, cuál es la repercusión práctica de vivir o no sometidos a él, y qué es lo que el mismo Jesús, el Señor, espera de nosotros.
 
Un primer pensamiento para empezar: ¿Qué reacción produce en nosotros la idea de vivir bajo el señorío de Jesucristo? Vivimos tiempos en los que todo lo suponga una limitación a la “autosuficiencia del hombre” –que no es otra cosa que soberbia y rebeldía- está, en general, mal visto. Ante todo, se proclama expresa o tácitamente, que el hombre deber vivir “libre”, “a sus anchas”, “según sus deseos y apetencias”. ¿No es al final cada uno dueño de sí mismo? El hecho de que el hombre tenga que someterse a alguien, en este caso al mismo Señor Jesucristo, parece no encajar bien en la mente y en la vida de muchas personas, y desde luego, no es algo que esté “de moda” ni que se predique en los medios de comunicación -salvo raras y honrosas excepciones-, ni en la calle, ni en los ambientes de trabajo, ni siquiera, en buena medida, lo que es más grave, entre los cristianos. ¡Tenemos tantas cosas importantes que hacer! Esta actitud de rebeldía es esperable de los que no conocen a Cristo, pues viven su vida al margen de Dios, pero no debería ser así entre los cristianos, que teóricamente han puesta su vida bajo el gobierno de Cristo, su Palabra y su Espíritu.
Vivimos tiempos en que mucho se habla de los derechos del hombre, pero poco o muy poco de los deberes del hombre en relación a sus semejantes, y menos todavía, en relación a Dios. ¿Deberes del hombre hacia Dios? Por supuesto. La palabra de Dios nos habla de ellos y muchos se derivan de una de las verdades más importantes que han sido reveladas al hombre: ¡JESUCRISTO ES EL SEÑOR!
 
ORACIÓN
 
Espíritu Santo, dice la Palabra que inspiraste que nadie puede siquiera decir “Jesús es el Señor” si no es por ti, cuánto más necesitaremos de ti para vivir el Señorío de Cristo en nuestras vidas, dando muerte al hombre viejo y siendo revestidos del hombre nuevo, por tu acción en nosotros. Dirige nuestros corazones y nuestras mentes para que seamos capaces a lo largo de este curso de comprender en el Espíritu lo que significan estas tres palabras tan simples de pronunciar, pero que tanto nos cuesta vivir: “Jesús es Señor”. Gracias, Espíritu Santo por tu trabajo constante y paciente.
 
 
Javier Dean
Fundación Palabra de Vida
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