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3. Metidos en problemas

"El salario del pecado es la muerte" (Rm 6,23)

El gran problema. Si echamos una mirada retrospectiva a todos los problemas de la humanidad, tratando de hallar las causas o intentando discernir el problema más sobresaliente y vital, en todos los casos vamos a toparnos con la realidad del pecado. De ella emanan –directa o indirectamente- todos los demás problemas, sufrimientos y conflictos que vivimos los hombres, y ella misma constituye el problema más grave de la humanidad. El pecado comenzó, como hemos visto, con el primer pecado o pecado original. A éste cada hombre añade su pecado personal, contribuyendo al gran problema y a aumentar sus consecuencias. Como dice Pablo: "todos pecaron y están privados de la gloria de Dios" (Rm 3,23).

Consecuencias del pecado original. La creación perfecta de Dios se vio radicalmente alterada por la presencia del pecado. Aunque no fueron traspasados los límites que Dios estableció en su soberanía y que permiten que el mundo no colapse, un gran desorden se abrió paso en medio de lo que antes era armonía y justicia, y una serie de maldiciones alcanzaron al hombre y a la tierra.

  • El hombre pierde la justicia y la santidad en las que vivía, al rebelarse libre y conscientemente contra el mandato de Dios. Por ello el hombre se sintió desnudo e impresentable para permanecer en la presencia de Dios (cf. Gn 3,10).
  • El hombre pierde su amistad con Dios. Perdiendo esta justicia y santidad por las que estaba en comunión con Dios, pierde precisamente la amistad y comunión con su Creador. Dios se acerca, pero el hombre se aleja de él (cf. Gn 3,8).
  • Por tanto, el hombre pierde su situación privilegiada en la que gozaba de la paz, la protección, la vida y el favor de Dios (cf. Gn 3,23-24).
  • Ruptura de la armonía en las relaciones entre los hombres. El hombre llega a convertirse en extraño para con sus semejantes. Especialmente terribles son las consecuencias dentro de las relaciones familiares. El hombre y la mujer pierden el amor de donación, y aparecen las tensiones, la concupiscencia y el dominio. (cf. Gn 3,7.12.16).
  • El hombre queda limitado y pierde muchas de sus virtudes y capacidades. La vida se le escapa, pues la presencia del pecado es contraria a la vida. Pueden aparecer así en su cuerpo la enfermedad y el dolor (cf. Gn 3,16-19).
  • El alma del hombre se ve debilitada también y oscurecida por el pecado, siendo limitada en sus potencias, especialmente las más frágiles: sus emociones y sentimientos le jugarán al hombre muchas malas pasadas. Desde el principio, vemos al hombre dominado por sentimientos de vergüenza y temor (cf. Gn 3,10). Igualmente su entendimiento le sirve al hombre para tratar de justificarse (cf. Gn 3,11-13), razonando insensatamente de espaldas a la verdad: "Dios hizo sencillo al hombre, pero él se complicó con muchas razones" (Qo 7,29). El hombre sigue siendo capaz de conocer la verdad, pero la inteligencia nos conduce en muchas ocasiones al error. La voluntad, con las malas influencias de las otras potencias y sobre todo extraviada por los deseos de la carne, buscará la felicidad donde no está: como en el primer pecado, buscará la independencia respecto a Dios.
  • Inclinación al pecado: El pecado llama al pecado, y el pecado original introdujo en el corazón del hombre una tendencia hacia el mal, viviendo a partir de entonces la lucha entre la inclinación de la naturaleza pecadora o carne y el espíritu del hombre, que era quien inicialmente estaba en control de la situación: "la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí antagónicos" (Ga 5,17).
  • Transmisión a toda la raza humana de estas consecuencias, como algo que entró en los genes y se hereda alcanzando a todos los hombres: "por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores" (Rm 5,19). El pecado se constituyó en una especie de enfermedad hereditaria incurable, como reconoce David: "mira que en culpa ya nací, pecador me concibió mi madre" (Sal 51,5).
  • Entra la muerte en el mundo: "por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte" (Rm 5,12), porque "el salario del pecado es la muerte" (Rm 6,23). De la muerte espiritual ya hemos tratado, al mencionar la ruptura de la comunión entre el espíritu del hombre y el Espíritu de Dios. Pero la muerte alcanzó también al cuerpo, llegando la muerte física. Aunque el hombre poseyera una naturaleza mortal, Dios lo destinaba a no morir. Por tanto, la muerte entró en el mundo como consecuencia del pecado, por el mal uso del hombre de su libertad.
  • La Creación se rebela y se convierte en extraña y hostil para el hombre (cf. Gn 3,17.19). Debido a que el hombre tenía dominio sobre la tierra, con el pecado del hombre el desorden entró en el mundo y la creación quedó sometida a "la servidumbre de la corrupción" (Rm 8,20).
  • El diablo continuará al acecho de la raza humana, como tentador (cf. Gn 3,15).
  • El diablo no se contentará con ejercer sólo de tentador, sino que usará como tirano la autoridad que el hombre le va otorgando cada vez al someterse a él por medio del pecado, porque "todo el que comete pecado es un esclavo" (Jn 8,34) y "uno queda esclavo de aquel que le vence" (2 P 2,19). El diablo, a través de su influencia y su dominio –que nunca llega a ser absoluto sobre el hombre-, busca oprimir primero y conducir después al hombre a la muerte. Primero, la muerte espiritual, pero también la muerte física: "era homicida desde el principio" (Jn 8,44). Efectivamente, poco después de la caída la Biblia narra el asesinato de Abel por parte de su hermano Caín. Su objetivo final: guiar a los hombres a la muerte eterna, el estado definitivo de separación de Dios. La caída del hombre le dio la oportunidad a Satanás de convertirse en "príncipe de este mundo" (Jn 12,31), refiriéndose al mundo rebelde y opuesto a Dios por el pecado.

Una historia de pecado. Con estos mimbres no nos puede extrañar que en la humanidad haya ido creciendo la influencia del pecado y abundando sus consecuencias. Debemos recordar que por el pecado original los hombres perdimos la justicia original, pero es cada hombre el que libremente suma sus propios pecados a la historia de pecado de la humanidad: "Se asoma Yahveh desde los cielos hacia los hijos de Adán, por ver si hay un sensato, alguien que busque a Dios. Todos ellos están descarriados, en masa pervertidos. No hay nadie que haga el bien, ni uno siquiera" (Sal 14,2-3).

Heridos. Todo lo anterior nos hace entender tantos sufrimientos, injusticias y desastres que padecemos los hombres y que nos infligimos unos a otros. No sería razonable pensar que con el avance de la ciencia y de la técnica los problemas se solucionarán, aunque éstas ayuden a aliviar algunos problemas. También sería bastante ingenuo pensar que con la simple promoción de la ética cívica y la moral el hombre olvidará sus males, aunque evidentemente sería de gran alivio que los hombres respetásemos más las leyes y aumentásemos nuestra moralidad.

La raíz de los problemas, como hemos visto, es más de fondo, y nuestras propias fuerzas no son suficientes para salir de la situación a la que el pecado nos ha conducido. El hombre se encuentra herido y además a merced de varios enemigos implacables que lo acosan.

Un anhelo. Pero la naturaleza humana no está totalmente corrompida, y en nosotros permanece el diseño original de Dios, como criaturas hechas a su imagen y semejanza y para vivir en comunión con él. Por eso no podemos dejar de anhelar nuestro rescate y nuestra salvación. El corazón del profeta Jeremías se hace eco del corazón de Dios y llora buscando remedio para los males del pueblo: "Me duele el quebranto de la hija de mi pueblo; estoy abrumado, el pánico se apodera de mí. ¿No hay sandáraca en Galaad?, ¿no quedan médicos allí? Pues ¿cómo es que no llega el remedio para la hija de mi pueblo?" (Jr 8,21-22).

Preguntas para el diálogo:

  • ¿Por qué no hay ningún tipo de mal en que podamos pensar que no tenga que ver con el pecado?
  • ¿Qué significa la pérdida de la justicia y santidad original del hombre y qué consecuencias trajo?
  • ¿Qué hay en el corazón del hombre?

 

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